martes, 7 de agosto de 2012

Entrenamiento

Otra vez contra el folio en blanco. No sé si tengo algo que decir, pero lo intento. Sólo quiero soltarme. Busco un tema, merodeo por mi cabeza. Lo estoy intentando, lo juro.

¿Quizá la frustración que causan las cosas que me impiden cumplir los objetivos que me había propuesto este verano? ¿La melancolía y algo de soledad tras una tarde genial? ¿Lo difícil que es -a ratos- ser tan raro, quisquilloso con todos? ¿La forma en la que se hace más dificil cuando quieres hacer feliz a una persona social? ¿Mi búsqueda de cosas nuevas que me diviertan?

Unos cuantos temas. Ahora no me sentiría cómodo hablando de ninguno de ellos. Quizá más tarde. Por hoy, ya escrito un poco, algunas líneas. Quizá mañana algunas más, pasado siga aumentando la cantidad. Eso espero. Poco a poco.

¿Dónde habré dejado mi armónica?

Tengo que seguir alimentando la llama, pero no debo ahogarla. Poco a poco, poco a poco. Hay que dejar que lo rodee todo, pero despacio.

Sólo espero que no entre agua cuando llueva.

domingo, 5 de agosto de 2012

Medio-cre

Me lanzo al fin, trato de volverlo a escribir. Pienso en la forma correcta de empezar:

"Estos últimos días"

Ya está. Escrito. ¿Y ahora qué? Conozco perféctamente los hechos, lo que tengo que decir. Sólo tengo que encontrar la forma de expresarlo.

"Estos últimos días", comenta el folio.

Barajo varias posibilidades, todas incompetas. Me decido por una. Tiene huecos, y echo tierra para tratar de llenarlos. Pero vuelve a hundirse. Sigo intentando tapar el hoyo, pero parece que cada vez se hace más y más profundo.

"Estos últimos días"

Lo dejo unos segundos, trato de calmarme.

"Estos últimos días"

Vuelvo, y al hacerlo mi impotencia literaria choca contra mí como un muro, como una explosión sólida, y me termina de expulsar de a historia. Siento rabia.

Muy bien. Escríbete sola, si quieres. Yo no puedo. Adiós.

Justicia

He estado pensando sobre ella, sobre lo que es, sobre su conveniencia. No cabe duda sobre su significado general: dar a cada persona lo que le corresponde. ¿Pero en función de qué? En función de sus hechos, pienso yo. En absoluto de sus influencias, genética o situación personal.

Pero voy a ir al grano, a donde quiero llegar: ¿Qué tiene de eficaz hacer mal a las personas que han hecho mal, si se sigue dañando a las personas buenas? ¿Se consigue así la justicia? ¿Torturando hasta la muerte al violador hay justicia para el violado?

No lo creo. No hay justicia en eso.

viernes, 27 de julio de 2012

Suciedad

Hoy no bastará con que me distraiga.

Hoy
pensaré
en la Escoria
de la Tierra.

jueves, 26 de julio de 2012

Lluvia

La tormenta ha empezado, y con mucha más fuerza de la que esperaba. Desde la ventana no se puede llegar muy lejos con la vista, y se ven las pequeñas gotas que el viento arrastra a ras de suelo, como una pequeña tormenta de arena licuada. El estrépito del agua al golpear en los cristales se hila junto a los truenos, haciendo que salir fuera sea toda una odisea para el oído, y dentro de casa, una sinfonía.

Yo, por mi parte, me resguardo bajo el tejado. Deseo con todas mis fuerzas salir, arrancarme la ropa y disfrutar de las miles pequeñas puñaladas heladas que regala la lluvia. Pero eso sólo podría hacerlo estando junto a mi otro yo. Pudiendo verme en el espejo... pero ahora, cuando miro, no veo nada. A lo sumo algún recuerdo.

Así pues, trato de sentir el calor del hogar, la otra faceta de la tormenta. Pero aún con un buen videojuego y un batido de chocolate con leche condensada no consigo sentirme bien. No me acerco ni lo más mínimamente a la sensación que busco, esa que estaba en el pequeño hueco entre el sofá y el ventanal en ese piso de la calle Guadalquivir. Qué días fueron aquellos -y parezco un anciando hablando de mi juventud- en los que aún no sabía hacia donde debía ir mi vida. Tan despreocupada, tan vacía.

Ahora toca la misma odisea de todas las noches. Ir a la cama ya, o ocuparme en cualquier cosa hasta que el agotamiento me venza. Sé que acabaré haciendo lo segundo, por mucho que desee tener la primera opción. Hay que aprovechar el tiempo, me dice alguna parte de mi cabeza. Supongo que me da miedo dejar tiempo a las cavilaciones y que estas me lleven a algún lugar brumoso, lleno de peligro y temores ocultos, dolor que sólo se puede sentir imaginándolo, pero que acaba surgiendo entre los caprichosos deseos de mi cabeza.

Voy a dejar ya que la pelea se dispute sola. Así que, señores, les deseo muy buenas noches.